
La naturaleza es adaptable y ha transmitido esa cualidad a toda la vida que alberga. Las plantas neonativas son un excelente ejemplo de dicha adaptabilidad.
Las plantas que provienen de otras regiones a menudo se adaptan con bastante facilidad a una zona en la que no son autóctonas. Esta capacidad ha llevado a cambiar las definiciones de lo que significa clasificar una planta como autóctona.
A medida que cambia el clima, será cada vez más habitual que las plantas se desplacen fuera de su área de distribución habitual. Sin embargo, en algunos casos esto puede ser problemático.
Las plantas que se establecen en zonas en las que no son autóctonas suelen denominarse invasoras. Esto ha ocurrido en casos como el de la enredadera kudzu, que se importó al sur de Estados Unidos para ayudar a estabilizar el suelo. Es originaria de algunas partes de Asia y se la ha denominado «la enredadera que se comió el sur».
Se han realizado esfuerzos constantes para erradicarla, pero aún así ha devorado gran parte del hábitat autóctono.
También es posible que haya plantas autóctonas invasoras. Se trata de plantas que se han encontrado en estado silvestre en una región durante décadas o incluso siglos, pero que originalmente no tenían cabida en la zona.
El cambio climático y las plantas autóctonas plantean interrogantes sobre qué plantas se clasifican como indígenas.
¿Qué es lo neonativo?
Las áreas de distribución de las especies cambian constantemente, ya que los patrones climáticos las obligan a desplazarse a lugares más hospitalarios. Esto ocurre tanto con nuestra fauna silvestre como con nuestra flora.
Otros factores que provocan la migración son los cambios en la topografía provocados por el ser humano y la dispersión impulsada por este. Este último es común, como en el caso de la enredadera kudzu, mientras que el primero es una condición permanente, ya que los seres humanos colonizamos zonas que antes eran silvestres.
Las especies neonativas son oportunistas que aprovechan las ubicaciones favorables cuando su zona de crecimiento anterior se vuelve menos atractiva. Esto provoca una redistribución de la biodiversidad común, en la que una especie desaparece y otra la sustituye.
Algunas de las especies que se desplazan suponen un riesgo mínimo, pero otras, como la acacia negra, pueden superar a las especies autóctonas tradicionales debido a su extrema adaptabilidad.
Diferencia entre autóctonas, neonativas y exóticas
Las plantas autóctonas son especies que se han registrado históricamente en una zona, ya sea a través de observaciones modernas o de hallazgos arqueológicos. Las plantas neonativas migran principalmente en respuesta a los efectos de los cambios provocados por el ser humano.
Las plantas exóticas son aquellas que los seres humanos han introducido activamente. Los dos últimos tipos de taxones pueden tener un impacto amplio y potencialmente negativo en las especies históricas.
El efecto puede afectar al mundo vegetal, pero también a los animales e incluso a la vida a nivel microscópico. La colonización de una especie anteriormente no autóctona altera el orden natural de la zona. Este pequeño cambio puede dar lugar a cientos de cambios menores, creando un nuevo entorno y biodiversidad.
Para sobrevivir al cambio climático, las especies autóctonas se ven obligadas a migrar hacia el norte y hacia las zonas más altas, a áreas que antes estaban ocupadas por otras especies.
Estas nuevas llegadas pueden desplazar a la flora histórica y, en última instancia, alterar la diversidad silvestre de toda la vida, aunque esto solo ocurre ocasionalmente. La situación también exige nuevas formas de clasificar las especies y, potencialmente, un cambio en los métodos de conservación.
Las plantas autóctonas y el cambio climático
Las especies ne autóctonas también podrían denominarse especies invasoras autóctonas. Por ejemplo, una planta autóctona de algunas partes de América del Norte puede desplazarse a una parte de ese continente donde antes no se encontraba.
Las actividades humanas provocan fenómenos como la contaminación, la sobreexplotación, las deficiencias nutricionales, el exceso de ciertos nutrientes y minerales, y el cambio climático. Es este último el que ha provocado el mayor desplazamiento de especies autóctonas en la era moderna.
Los estudios han demostrado que la expansión y el desplazamiento de las especies se han acelerado en las últimas décadas. Esto sugeriría que las actividades y los subproductos generados por el ser humano están provocando estos movimientos.
Cada vez más seres vivos se han visto obligados a migrar para encontrar zonas que favorezcan su desarrollo. Estas nuevas especies son objeto de debate sobre nuevas clasificaciones para los taxones nativos.
El debate evolucionará y continuará a medida que la situación se prolongue. Se ha propuesto un Tratado de Redistribución del Cambio Climático que gestionaría el desplazamiento de las especies y conservaría la vida autóctona.




